miércoles, 12 de julio de 2017

Reseña – El Imperio Final: Nacidos de la Bruma I de Brandon Sanderson

Portada de El Imperio Final - Inquisidores y Nacido de la Bruma

Hacía tiempo que le seguía la pista, pero nunca encontraba el momento ni la oportunidad de tener en mis manos una de las sagas más comentadas de la última década: Nacidos de la Bruma, de Brandon Sanderson. Por fin he podido hacerme con el primer libro de la trilogía principal y he de decir que me ha encantado. ¿Quieres saber por qué?

A Brandon Sanderson ya se le apoda como el nuevo Tolkien o el nuevo Martin, cosa que me revienta. Las comparaciones son odiosas y, si bien Tolkien y Martin son dos grandes maestros del género, uno espera que se le reconozcan por la originalidad de su trabajo, no por ser el nuevo "lo-que-sea". Pero en fin, el marketing es lo que tiene, centrémonos en lo que interesa.

El Imperio Final, la primera novela de la saga, nos sitúa en la ciudad de Luthadel, capital del Imperio Final. Este Imperio lleva gobernando durante miles de años sin casi oposición mediante un sistema de clases, en el que podemos encontrar nobles y skaas. Los skaas son una suerte de proletariado oprimido que queda sometido a los trabajos que les encargan los nobles. Por encima de ambas clases se encuentra el Lord Legislador, un autoproclamado dios inmortal que gobierna con mano de hierro gracias a sus ministerios, formados por obligadores (un cruce entre notarios y agentes de policía con poderes especiales) e inquisidores. La de los inquisidores es una figura que me atrae de manera morbosa. Son alománticos (más sobre esta palabra en unas líneas más abajo) de fuerza sobrehumana y con clavos enormes que les atraviesan los ojos y cuyas puntas asoman por detrás de su cabeza. Vamos, unos personajes más propios de Silent Hill.

En este mundo existen también unos seres llamados alománticos (¿veis?), capaces de utilizar y quemar el poder de los metales para conseguir habilidades extraordinarias, como alterar los sentimientos de las personas o empujar metales. Generalmente solo los nobles tienen acceso a estos poderes, pero en aquellos casos en los que hay cruces entre éstos y los skaa suelen dar lugar a alománticos entre las filas de los obreros. Obviamente, el libro va sobre un grupo de skaa alománticos.

Hay dos personajes principales en la historia. La primera de ellas es Vin, una chica skaa que se ha criado entre ladrones y que descubre de la noche a la mañana que es alomántica. No solo eso, sino que además puede quemar todos los metales (generalmente los alománticos solo pueden quemar un tipo de metal), lo que la convierte en una alomántica de rareza excepcional: una Nacida de la Bruma ¡chan chan!

Portada de El Imperio Final - Vin


El otro personaje principal es Kelsier, otro Nacido de la Bruma que descubre los poderes de Vin y se decide a entrenarla. Kelsier es también el líder de la resistencia skaa, que pretende rebelarse contra el Lord Legislador, derrocar a la nobleza y liberar al pueblo skaa. Por si esto fuera poco, Kelsier es también el único superviviente que ha logrado salir de los Pozos de Hathsin, una prisión subterránea que el Lord Legislador utiliza para conseguir atium, uno de los metales más poderosos.

En este primer libro se nos presenta el universo y la vida en Luthadel. Junto a Vin, aprendemos qué es la alomancia y cuáles son las reglas que limitan este sistema mágico, conocemos a los miembros de la resistencia skaa, la mayoría alománticos, y nos infiltraremos en las fiestas de la nobleza de la ciudad.

El mayor punto fuerte del libro es su originalidad. El ambiente que se nos presenta es el de una distopía, pero en lugar de estar basado en el futuro como suele ocurrir en muchas novelas actuales, toma elementos del renacimiento y de la época victoriana para mostrarnos un mundo oscuro lleno de ceniza que cae del cielo, pues Luthandel se encuentra rodeada de volcanes en constante actividad que no dejan que crezca nada verde en la tierra.

Esta combinación de lucha de clases y de oscuridad causada por la ceniza me trae también recuerdos de dos revoluciones: la francesa y la industrial, por lo que estoy seguro de que Sanderson tomó referencias de alguna o ambas para dar algo más de carisma a su mundo.

Portada de El Imperio Final


Respecto a los personajes no tengo mucho que decir. Los dos protagonistas me parecieron que tenían elementos muy típicos, la huérfana con un gran poder y el héroe que todo lo puede. Sin embargo, en ambos casos puedo encontrar cualidades que los redimen como personajes y que me ayudaron a conectar con ellos. A Vin aprendí a quererla por su inocencia, por cómo pasa de temer a la nobleza a emocionarse por acudir a un baile. En el caso de Kelsier, su egocentrismo lo pondrá en más de un aprieto, arrancándote más de una sonrisa cada vez que esto ocurra.

Finalmente decir que la historia que se nos cuenta no es nueva ni mucho menos: lucha de clases, golpes de estado contra un gobierno absolutista, poderes ocultos cuyos misterios se van desvelando... todo ello cosas que ya hemos leído o visto. Sin embargo, Sanderson lo cuenta de una forma que cada giro parezca nuevo y original, aunque sepamos que tal personaje va a hacer esto o lo otro. Aprovecho también para decir que, aunque El Imperio Final es el primer libro de una trilogía, el final de la novela no es para nada inconcluso ni insatisfactorio, aunque sí que deja algunos hilos para que te entre el gusanillo de querer leer la siguiente: El Pozo de la Ascensión.


Recomiendo mucho este primer libro, sobre todo si estás cansado de la típica fantasía de espadas y dragones (¿acaso existe alguien así?). La belleza oscura de la ciudad de Luthadel te atrapará, dándote unas dosis de acción y aventura de las que no podrás ni querrás escapar.

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